Esta es una reflexión que escribí en 2014:
En las clases de historia me enseñaron que los primeros seres humanos eran nómadas, es decir, que no se establecían en ningún lugar sino que iban moviéndose de un lado a otro de acuerdo a las estaciones y las posibilidades para cazar y recolectar. Entiendo entonces, que sólo se quedaban en un lugar mientras las condiciones eran favorables o quizá mientras pensaran que era más prudente quedarse que arriesgarse a buscar algo mejor... cosa que eventualmente se veían obligados a hacer.
Luego se volvieron sedentarios. Fueron capaces de dominar la agricultura y combatir las principales dificultades que suponían las condiciones cambiantes del clima. Desde mi punto de vista, fueron capaces de cambiar algunos aspectos de aquello que los rodeaba para hacerlos más favorables para sí mismos, en lugar de renunciar a todo, lo bueno y lo malo de aquel lugar, y partir hacia un destino incierto, quiero decir, quizá los esperaba un futuro mejor o quizá no.
Han pasado muchos años desde entonces, cientos o miles de años, dependiendo del punto que se tome como referencia, los indios americanos, si nos situamos en el descubrimiento de Colón, o los primeros homo-sapiens en un sentido más general. El caso es que siento que los tiempos de ser nómada están regresando ¿Será que hemos perdido la capacidad de modificar nuestro entorno? Ahora no sólo, no conseguimos que sea más favorable, sino que lo hacemos aún más inhóspito.
Si has seguido mi blog, ya sabes que me dolió marcharme de mi país, que siento que hechos ajenos a mi voluntad consiguieron torcerla de modo que se me presentó el dilema y tuve que tomar esa difícil decisión. No supe cómo y no pude cambiar esos aspectos de mi entorno, de mi Venezuela, que llenaban mi vida de ansiedad, miedo, resignación y desesperanza.
Liberado de esos sentimientos, ahora con una mezcla de emoción e incertidumbre que me producía la aventura nómada, y la profunda nostalgia de la despedida, por fortuna y gracias a la determinación que tuve en su día, de trabajar y buscar la excelencia, cómo me animaron en mi casa de estudios, la Universidad Simón Bolívar (USB), conseguí satisfacer mis necesidades básicas, está vez incluyendo la seguridad, antes tan frágil en Venezuela.
Fue como abrir los ojos a nuevos horizontes, nuevos retos, eso me hizo acordarme de Maslow, porque al sentir que había completado ese nivel, la base de su famosa pirámide, comencé a pensar en metas más ambiciosas, en el buen sentido. Es la ambición y no el conformismo, lo que ha hecho avanzar a la raza humana. Ser inconscientes, individualistas y malos, aunque pueda sonar infantil, es que a veces triunfen los malos y no la ambición, lo que tiene al mundo como está.
Para mis propios intereses individuales, comienzo a pensar que lo mejor será ser nómada y buscar siempre las condiciones más favorables para mí y mi familia. Ya lo hice una vez, y creo que con prudencia, buena disposición y capacidad para trabajar y hacerlo bien, y una buena actitud de respeto y búsqueda de relaciones de mutuo beneficio, siempre habrá un lugar donde seamos bienvenidos.
Pero lo que realmente quisiera, es ser tan hábil como algunos hombres que a lo largo de la historia, han sido capaces de mejorar algunos aspectos de los lugares que apreciaban, con los que guardaban una relación formada de recuerdos, gratitud y admiración. Tal vez, sea ese mi problema, que cambiar las cosas puede llevar asociado un sacrificio de tal magnitud, que yo me decanto por la involución, y me declaro nómada.
Este nómada continuará enfrentándose al dilema una y otra vez, este individuo no puede cambiar nada, puede irse o quedarse, nada más. Pero las sociedades si pueden cambiar las cosas, con organización, valor, inteligencia y paciencia. Los primeros sembradores no echaban las semillas y veían florecer las plantaciones al instante. Yo no creo tener todas las respuestas, de hecho me considero bastante ignorante “sólo sé, que no sé nada”.
De vuelta en 2020:
En general, estoy tan decepcionado de los políticos que no descarto dedicarme a la política algún día, a ver si yo puedo hacerlo mejor. Pero no sé por donde empezar, ahora mismo tengo muchas facturas que pagar y una familia que mantener, y si dejo mi trabajo para dedicarme a la política, no sé cómo pagaría el próximo giro de la hipoteca.
Por otro lado, agradezco el trabajo de todos los políticos honestos y capacez. Admiro su valentía. Pienso que ser político implica riesgos, especialmente si se hace oposición a una tiranía como la de Hugo Chávez en Venezuela. Antes de su muerte, Hugo Chávez designó a Nicolas Maduro como su sucesor.